martes, 21 de febrero de 2017

Nuestra querida Ainhoa

Para qué vamos a negarlo. Hay en la vida momentos, digamos, quizás un tantito más decisivos que otros, en los cuales nos abandonamos al tópico, tanto emocionalmente como con el lenguaje. La muleta cómoda. Pero también la terca realidad que siempre termina por dejar al descubierto las cuatro cosas importantes. Por eso lo primero que pensé-sentí, cuando Inma Muniay me escribió el otro día que tenían fecha de operación para Ainhoa, su hija, fue: ¡cómo ha pasado el tiempo, qué rápido!. Porque una de las primeras cosas que me explicó Inma, cuando nos conocimos, acerca de la acondroplasia y de las circunstancias que formarían parte de la vida de Ainhoa fue la pertinencia de realizar esta operación de elongación en un momento determinado. Es un asunto complicado por todo lo que conlleva en torno a la recuperación posterior: rehabilitación, fisioterapia, ejercicio, silla de ruedas, etc. Ainhoa y su familia han sabido desde el primer momento que habría que pasar por aquí, y están preparados. Lo están no sólo en lo que a intendencia se refiere. Eso por supuesto. Están más que acostumbrados a adaptar su entorno doméstico para hacerlo accesible a Ainhoa. Están preparados sobre todo, lo percibo cuando hablo con ellos, psicológicamente, emocionalmente. Han caminado una larga trayectoria ya. Han resuelto muchas dificultades. Han encontrado su lugar como personas que acompañan a Ainhoa, y han aprendido muchas cosas para ellos mismos gracias a esa proximidad a la discapacidad, como nos ha ocurrido a tantos.






La operación de elongación. Parecía algo tan lejano, cuando nos conocimos, y ya está aquí. Y por el medio, ¡cuántas cosas, madre mía, cuántas peleas por conseguir derechos, por evitar discriminaciones, por buscar normalizar situaciones con el fin de que se respete la diferencia! En fin, los chicxs crecen. Y afrontamos con ellos nuevas problemáticas. Por un lado esto no es muy diferente a lo que ocurre en los entornos familiares y sociales no diversos. Es simplemente época de cambios, de nuevas situaciones, algunas muy complicadas, como lo es en general la adolescencia para el propio adolescente, pero también para su entorno. Por otro, las diferencias son todas, las particularidades son pan nuestro de cada día y seguimos necesitando apoyo y refrendo social. Sé que la familia de Ainhoa ha podido organizar su recuperación tras la operación de elongación, que será larga y decisiva, contando con la colaboración del Centro de Salud, del instituto al que acude Ainhoa, y también de los compañeros de la Fundación Alpe, en la que siempre han estado integrados al cien por cien, y que me parece un ejemplo de cómo el tejido social debería estar funcionando como apoyo, como red, como guía … Así que todo va a ir bien.

Daniel y todos nosotros estamos enviándoos nuestro cariño de Zaragoza a Málaga. Nos vemos al regreso. Y aquí estaremos para lo que necesitéis.


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Para quienes queráis saber en qué consiste el proceso de elongación en las personas con acondroplasia y qué experiencias conlleva, os recomiendo vivamente  este blog: La aventura de Lucas.