jueves, 16 de marzo de 2017

Desde Nueva Zelanda viene una silla para Daniel






Aquí veis a Daniel probando hace unos días una silla nueva. Si le preguntas si quiere silla nueva dice que no, supongo que porque ahora a todo contesta que no. Es lo que toca. Sin embargo, le cambiaba la cara al probar la silla nueva, se le notaba muy a gusto sentado en ella, bien colocado y cómodo. La verdad es que su silla actual se le ha quedado pequeña antes de lo previsto. Estas sillas ortopédicas presentan por lo normal asientos y respaldos que recrecen, al estirar la estructura del chasis, hasta una cierta medida. Esta vez a Daniel la silla le ha venido a durar tres años justos. Estas fotos que os mostramos a continuación, además de ser simpáticas, sirven para calibrar la velocidad a la que su silla “se ha encogido”. Una es de la sesión de adaptación de la silla en la Ortopedia, o sea el primer día que se sentó en ella hace tres años. La otra de hace unas semanas, en Carnavales.  Se ve claramente como la pobre silla ya no puede con Daniel, que por otra parte la ha vapuleado y maltratado como corresponde a un adolescente.  



En fin, el aumento  de estatura y complexión de Daniel (una evolución positiva que es algo genial, fantástico, claro), junto con la necesidad de proteger su columna y su espalda, han hecho inevitable el cambio de silla. La que han encargado finalmente sus padres a la ortopedia de referencia no es exactamente la que muestra las primeras fotos. Enrique, el ortopédico, ha hecho una combinación personalizada para Daniel, acorde a sus características físicas y teniendo en cuenta también sus problemas de columna y cadera. El asunto de las caderas viene de lejos. En la parálisis cerebral no es infrecuente que aparezca tempranamente la luxación de las caderas. La espasticidad muscular dificulta la expansión natural de la estructura ósea. Por eso ahora, con el crecimiento de la adolescencia, volvemos a encontrarnos con problemas de este tipo que afectan a la disposición de la columna. Esperamos que con el respaldo especial de la nueva silla se pueda evitar el corsé. Os contamos estas cosas para que se pueda comprender medianamente que el cambio de silla no es un capricho en absoluto. Es una necesidad imperiosa para adecuar una estructura, -que en realidad es para Daniel como un esqueleto exterior-, a su momento vital, y para evitar que en el futuro empeoren algunas patologías que le causen dolor.
La silla que finalmente tendrá Daniel dentro de un mes y medio aproximadamente es un híbrido. El chasis será el mismo modelo que tiene su silla actual, aunque de mayor tamaño, esperando que esta vez –si no se estropea- dure algo más, pues podrá cubrir los años inmediatos, durante los cuales Daniel aún puede crecer, y resistir alguno más, con la estatura ya estabilizada. De otro fabricante vendrá el cabezal y cinturón pélvico, de otro el reposapiés, y finalmente asiento y respaldo serán los que muestran las fotos del comienzo y viajarán desde Nueva Zelanda. Al final, la cuenta será de unos 8.000 €.  Vamos, igual que un Kia Picanto, una plaza de garaje según algunos anuncios, o más de lo que hay que invertir para abrir un negocio en algunas franquicias. Aunque el “concepto” no tiene nada que ver, claro. Con un poco de suerte, la Seguridad Social abonará una parte del coste dentro de un par de años, y con otro poco de suerte dicha ayuda será aproximadamente una quinta parte del coste.

A Daniel ya le han dicho que tendrá silla nueva. El sigue contestando que no. Pero seguro que cuando esté sentado en ella tan cómodamente y bien posicionado como se le ve en las imágenes del principio, vuelve a sonreír igual que lo hizo el día de la prueba.