viernes, 21 de diciembre de 2018

La nave (espacial) va. Feliz Navidad!










Desde la sala de estar de "Cuéntame" hasta la Luna, los astroalumnos del Colegio Público de Educación Especial Ángel Riviere, junto a sus astroprofesores y astrosuperayudantes, dibujaron teatralmente ayer, en la función anual de Navidad (imprescindible ya para nuestras familias) un hermoso viaje a la diversidad y a la igualdad.

Pudimos ver a los personajes de la serie televisiva, también a Superman, a Tintín, a Bianca Castafiore, al Principito, Amstrong, Aldrin y Collins ... Estuvimos en esa sala de estar de los años 60-70, en el asteroide B-612, en una discoteca, repasamos todos los planetas del Sistema Solar, que acabaron volando por el patio de butacas ... Llegamos a la Luna y aterrizamos a ritmo lento y reivindicativo: libertad, diversidad e igualdad.




Escenografía impecable. Equilibrio argumental. Un verdadero espectáculo teatral de altísimo nivel. Y mucha ilusión y orgullo ante tanto trabajo bien hecho, ante tantas capacidades diversas, ante tanto cariño. Profesionales todos, como la copa de un pino.

¡Bravo, bravo, bravo! 

Y gracias.

Un apunte más personal por parte de nuestra familia: nos sentimos muy orgullosos y contentos de todos los avances de Daniel. Recordamos las primeras funciones navideñas, ya lejanas. Daniel se asustaba mucho en el escenario. No lo pasaba del todo bien. Poco a poco, conforme fue creciendo, conociendo cosas, situaciones, consiguió integrarse, usó el comunicador e incluso fue presentador en un espectáculo. El año pasado dejó oír su aullido lobuno, y este año le hemos escuchado declamar, alto y claro: "¡A la Luna, a la Luna!.  

La nave (espacial) va. 




lunes, 17 de diciembre de 2018

En el hospital, siguen siendo niños







Habréis leído o visto días atrás la información sobre cómo en diversos hospitales infantiles del país los niños llegan al quirófano a bordo de un coche descapotable teledirigido.  Es una manera genial de ahuyentar el estrés y el miedo ante una situación que, si para un adulto es anómala y un tanto angustiosa, para un niño puede ser bastante terrorífica: porque es desconocida, porque intuyen el riesgo, porque se les separa momentáneamente de sus progenitores, quienes significan confianza y protección. Ir al quirófano jugando y distraídamente, conduciendo uno de esos coches que tanto estimulan la imaginación infantil, es sin duda mucho mejor que hacerlo en tensión, tumbado sobre una camilla.

Se agradece mucho la sensibilización de la gestión de las prácticas hospitalarias, la verdad. Sobre todo con los niños. Quitar hierro al asunto. Buscar el terreno natural para ellos, que es el juego y la imaginación.  En Sant Joan de Deu, en Barcelona, el tierno dinosaurio robótico Pleo ayuda también a los pequeños pacientes a pasar distraídos y  relajados las horas previas a la operación. En el Hospital Infantil de Zaragoza, habitaciones decoradas por Believe in Art y sesiones de cuentacuentos y payasos ayudan a suavizar la dura rutina hospitalaria.


Daniel ha tenido pánico durante muchos años a las visitas médicas, sobre todo si eran en el hospital. Y ha tenido un pánico casi incontrolable a las camillas. Cuando tenía seis años tuvieron que operarle los aductores para intentar corregir una subluxación de cadera. Claro que  lo peor fue que al cabo de un tiempo la cadera volviera a luxarse, pero también ha sido muy doloroso ese horror continuado e histérico a las camillas, que denuncia el terror que debió pasar un niño con parálisis cerebral, desorientado, desubicado, tendido sobre una camilla, por los pasillos y salas previas  al quirófano. A su padre le negaron reiteradamente el que pudiera acompañarle, pese a su empeño en que lo dejaran pasar, cubierto con escafandra o como fuera, hasta el punto y minuto posibles más próximos a que se durmiese. Y no fue la única experiencia de este estilo por la que hemos pasado, pero sin duda sí que ha sido la más traumática. Aunque, con el tiempo las cosas han cambiado, hay que decirlo también, y en las últimas ocasiones de visitas o estancias hospitalarias ya se ha escuchado más a la familia, se la ha dejado colaborar con los profesionales, han flexibilizado algún protocolo, porque como dijo un médico en una de ellas, en estos casos quiénes mejor saben  afrontar la situación, de manera que las cosas sean más fáciles para todos, son los padres.

Así que un hurra por las prácticas hospitalarias empáticas, y el deseo de que se generalicen y arraiguen fuerte. Gracias.


jueves, 13 de diciembre de 2018

¡El teatro de la vida!



En el CPEE Ángel Riviere (http://zaragozacpeeangelriviere.blogspot.com)  están preparándolo todo para ir a la Luna. Este viaje está siendo el leitmotiv para trabajar temas durante el trimestre. Pero, ¡atención! porque el viaje espacial es también el asunto de la función de Navidad, que tendrá lugar el próximo día 20, y estamos en los últimos ensayos … ¡días de nervios y concentración! Me cuenta Inma que mi teatrero sobrino se levanta todos los días clamando ¡teatro! ¡teatro!  Nada se le pone por delante. Ayer tuvieron que ir a la especialista de Disfagia, antes de ir al colegio. Daniel amaneció con su grito habitual de estos días, ¡teatro! ¡teatro! Pero su madre le aclaró que tocaba ir al “teatro de la vida” (en alusión a la visita médica). No importa, debió pensar Daniel, si es teatro, ya va bien; y se pasó, me cuentan, el trayecto en el coche hasta el Hospital declamando ¡el teatro de la vida! ¡el teatro de la vida!



Hace un par de tardes nos dedicamos a ver un vídeo sobre la historia de los viajes espaciales, desde los años 50 hasta la estación espacial MIR. Nos sorprendía la atención y gran concentración con que Daniel siguió las explicaciones del locutor, durante prácticamente media hora. Entonces comprendimos que estaba interiorizando información y situaciones para su papel de astronauta en la función. El traje ya está encargado. Y Daniel clarísimamente entrado en situación.


--> No podemos enseñaros imágenes de los ensayos, porque siempre son secretísimos. Pero informaremos convenientemente del desarrollo de la función. Las críticas serán buenas, no cabe duda. Y merecidas.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Antisistema

Primeros compases de la  "Marcha Hungara" de Brahms, escucha número 500 mil


Bach sobre todo, pero en general la música barroca es en mi caso una puerta hacia una cierta paz; centra mi atención y me ayuda a trabajar. Lo descubrí hace ya muchos años, durante una época en que estudiaba oposiciones. A veces también lo consigue el jazz. Pero está claro que para mi sistema emocional el equilibrio (aunque sea perecedero) está asociado a la transparencia del barroco musical. Transparencia y repetición en sucesivas variaciones equivalen seguramente a un entorno confiable. Y, ¿quién no quiere o necesita, al menos alguna vez, un territorio de máxima confianza, un nido? Quizás alguien. Pero no la mayoría de nosotros humanos, tan frágiles realmente.

Daniel es muy consciente de su fragilidad en su relación con el entorno. Así que no admite demasiados trastoques ni circunstancias completamente desconocidas. Pero sobre todo precisa de la gente de su total confianza. Además practica ritos buscando la permanencia de esas condiciones óptimas en su entorno o su reaparición, si hay algo que las perturba. Ritos ligados sobre todo a la música. Por eso me acordaba de mí misma y el barroco, cuando el otro día, en el que inusualmente su padre se retrasó un poco en la hora de volver a casa, Daniel sólo parecía relajarse y tranquilizarse al cantarle casi al oído el himno del Barça (sí, ya sé), mientras le protegíamos en un abrazo. Así cenó. Y así seguimos, cambiando del himno del Barça a un juego que tenemos respecto a la musiquilla de Mercadona (sí, ya sé), hasta que llegó su padre, que en el universo de Daniel es la figura todoprotectora. ¿Por qué esas melodías? Porque las asocia, por diferentes razones, a su padre.

El asunto de la repetición como método de aprendizaje, como forma de concentración, de relajación, en definitiva de conexión con el núcleo personal individual es muy interesante. Nuestra sociedad actual tiende a olvidarlo, a enterrarlo debajo de la noción de aburrimiento y sosería. Pero creo que es injusto y torticero: al mercado no le interesa la repetición ni la permanencia, ya se sabe, propugna la obsolescencia. En este sentido, Daniel es un verdadero antisistema: porque es capaz de disfrutar de lo que ya conoce con la misma intensidad y felicidad cada vez. Me parece bárbaramente genial.




miércoles, 17 de octubre de 2018

Adulto, mais non plus











Este es Daniel adulto. Un tipo serio, que va de garitos. La foto se la hizo su madre el viernes, día del Pilar, por la tarde, en un céntrico bar de la ciudad. Daniel me dijo que él solamente había bebido su habitual zumo de melocotón, mientras sus progenitores daban cuenta de un par de Pilsen. Eso sí, me dijo que le había gustado mucho ir de garitos, y que ya era un adulto (nueva palabra pronunciada)

- Ah, así que eres un adulto. ¿Desde cuando?
- Ayer

Tal cual. Para chincharle un poco, introduje un falso dilema (lo reconozco): entonces, Daniel, le dije, si eres adulto ya, no parece muy adecuado lo de las Ferias… (Debo acotar que Daniel se pirra por la tómbola, sobre todo la tómbola Antojitos, y que se pasa medio año esperando que lleguen las fiestas del Pilar para ir al recinto de las Ferias de atracciones, y que yo había ido a su casa porque luego nos íbamos los cuatro a la bullanga)

Daniel me mira con un poquito de asco, una cara como la de Rosa María Sardá pronunciando “Honorato”, que le sale muy bien. Repito la cuestión: entonces, qué prefieres ¿ser adulto o ir a las Ferias?

- Las Ferias

Y este es Daniel en transformación, un par de horas más tarde, en la tómbola Antojitos. Que la juerga nos acompañe. Y la paciencia.