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jueves, 7 de julio de 2011

Trasladarse y conducir :derechos


Iba yo ayer a enfrascarme en la redacción de un típico post estival, que parece que es lo que ya va apeteciendo. Sobre todo porque Daniel, como todos los chavales, está de vacaciones y  sus actividades e intereses en estos momentos tienen carácter esencialmente lúdico. Lo cual está muy bien. 

Sin embargo, al final me he decido por atender a un par de temas que han coincidido estos días y que como común denominador solo tienen el tema del transporte o de los vehículos adaptados. Los uno por ello, sin más.

En los informativos españoles de algunas cadenas de televisión ha aparecido durante los dos últimos días un pequeño reportaje acerca de un chico con discapacidad que está examinándose para obtener el carné de conducir. La cuestión particular (por la que se ha difundido el reportaje) es que David Rivas (así se llama) ha de conducir con los pies, lo cual requiere evidentemente una profunda adaptación del vehículo que pilote.



La imagen corresponde a un vehículo adaptado de la Autoescuela Irrintzi


Además de los problemas burocráticos, administrativos, sociales, etc., se plantea un evidente escollo de índole económico. Las adaptaciones son muy caras. Ello desanima (además de los complicados vericuetos administrativos) a las autoescuelas a tener vehículos adaptados para impartir las clases preceptivas. Y también   es la causa de muchas personas con discapacidad no puedan conducir.

Dejo enlace al vídeo de TVE, donde esto que digo se explica francamente bien:



Efectivamente, los vehículos adaptados son caros. Toda la tecnología (y este tipo de adaptaciones son tecnología) destinada a la discapacidad resulta muy muy cara, sobre todo porque hablamos de que esa tecnología debe facilitar acciones y funciones que son de primer nivel, de necesidad básica (transporte, comunicación, higiene, vivienda, etc. etc.) Es decir, esta carestía de la tecnología destinada a la discapacidad impide directamente la inclusión social de mucha gente. En el caso de los vehículos esta carestía se traduce, como decíamos más arriba, en que no tengamos todos los vehículos que serían necesarios. Ni adaptados para la conducción por personas con capacidades diversas, ni adaptados para preservar la seguridad vial de las personas que viajan en los vehículos en sillas de ruedas, por ejemplo.

Todo ello puede dar lugar a muchas situaciones no deseadas, que se resuelven en precario, tanto por falta de recursos suficientes como por falta de previsión para sortear los problemas, y pueden tener consecuencias a lamentar. Digo esto en concreto debido a un susto bastante morrocotudo que la semana pasada nos llevamos con Daniel, que se vio afectado por una de esas circunstancias resueltas en precario. Afortunadamente, al final no ha sido nada. Pero hay cosas que a estas alturas ya no tendrían que plantearse, que no deberían suceder.