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jueves, 17 de enero de 2013

Rey del mambo


Ya se sabe que los problemas y particularidades de la adolescencia comienzan antes. La construcción de la personalidad, a través de las manifestaciones del carácter en un movimiento continuo de propuesta-respuesta se deja notar en el entorno del pre-adolescente a lo largo de muchos años. 

Bueno, parece que ahí estamos. Uf.

Todos recordaréis (o deberíamos procurar hacerlo, es un buen ejercicio de comprensión y empatía con los nuevos pre-adolescentes y adolescentes) vuestros propios años de adolescencia. Muchos estaréis pasando por los de vuestros hijos, sobrinos, hijos de amigos... En fin, todos sabemos de lo que hablamos.

Lo que ocurre en el caso de los chavales con diversidad funcional (dependiendo además, claro está, de la tipología de esta diversidad, y de su grado) es que -también en ésto- la cuestión se complica. Nada nuevo. Pero, sí algunas particularidades. Por lo menos, en el momento de vivir, de afrontar esa especial etapa, de comprenderla y de aportar las soluciones y resoluciones más adecuadas, de acertar efectivamente con las más constructivas.

Daniel anda un poco insoportable. Rebeldillo, diremos. Cabezón y terco. Va de bronca en bronca con su padre y con su madre. Sólo se apresta a hacer lo que le apetece. Cuesta que recapacite, cuando le explicas algo y cuando razonas con él sobre porqué hay cosas que no pueden ser, o no pueden ser cuándo él quiere, o cosas que deben ser, que hay que hacer porque son convenientes, etc. Nada inusual. 

Pero lo complicado a veces viene para su entorno (o sea familia y colegio, principalmente) a la hora de discernir en cada momento qué es lo que en verdad está sucediendo, cuáles son las causas de su comportamiento. Pues a veces no es sencillo saber si sus motivos para el enfado o el "embotonamiento" - que se dice por estas tierras- son justificados (dolor, por ejemplo, o una situación no cómoda para él, etc), o simplemente ha entrado en barrena y no hay quien le haga bajarse del burro. Lo cierto es que suele responder positivamente si se le deja unos minutos -más o menos largos- para "reflexionar" (sin hacerle excesivo caso, digamos, haciéndole entender que su comportamiento es reprobable por la vía de llevarle al lugar o rincón de pensar). 

Bien, discernida la causa del cabreo y el "rebote" como una cuestión de mero mal comportamiento, aun así tampoco la cosa es fácil. Como en todo individuo, también en estos casos hay que estar atentos a las situaciones que rodean las manifestaciones de franca rebeldía a la brava. Ver qué las provocan, cómo se van desarrollando, cómo se encauzan (si lo hacen), etc. Lo que ocurre es que en el caso de Daniel aparecen varios factores al unísono:

Para empezar, la manifiesta rebeldía preadolescente (le caen mal muchas cosas, cuestiona con su comportamiento la autoridad paterna, la autoridad en el colegio, busca su sitio a menudo a base de cuestionar y cuestionar) - esta parte, digamos, sería común a todo chaval de su edad (con o sin diversidad funcional)

Pero a ello hay que añadir que esta actitud se ve un tanto exarcebada y exagerada en su caso porque está coincidiendo con una mayor capacidad comunicativa de Daniel. Va estableciendo más posibilidades expresivas, sobre todo orales, habla cada vez más, y al mismo tiempo, y como consecuencia de ello, lógicamente, expresa más iniciativas por propia motivación. Lo cual, evidentemente, está conllevando que se perciban más rasgos de su carácter (no fácil, por otra parte).

Otro componente que complica la travesía es que los recursos de Daniel para expresar su rebeldía conllevan rasgos de expresión y circunstancias que no es fácil controlar en su caso. Si se enfada o quiere chinchar tiende ahora a chillar (expresión equivalente a las habituales broncas que forman los chavales); y si se cabrea, le cuesta retroceder, debido no sólo al carácter, sino a que a él le resulta más complicado el control de sus propias emociones.

En fin, pasará. Pero tiene razón Jorge cuando dice que hay que evitar que tienda a pensar que determinadas actitudes valen. Sobre todo para evitarle y evitar a su entorno los problemas derivados de la interrelación entre carácter y condiciones neurológicas, que cuanto más crezca  Daniel más intricanda se volverá.

Lo bueno de todo esto es que sucede porque Daniel evoluciona, crece, y lo hace integrado en su entorno.