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lunes, 29 de octubre de 2012

Jorge, colega, baloncesto



- ¡Jorgeee! 

- ¿Qué quieres, Daniel?

- Ba-lon-(c) es-to

Ayer me contaba Jorge esta conversación, puntualizando muy certeramente cómo Daniel se dirigía a él llamándole por su nombre para pedirle que le pusiera baloncesto en la tele. Jorge, me decía mi hermano: no papi, ni papá, Jorge-

- De colegas, le decía yo. 

Eso, de chico a chico. Caramba. Crecemos. Tema. Este. Para otro día.



Daniel y Jorge viendo fútbol


Cambiando un poco, digo,  con esto de las palabras y sobre cómo Daniel va diciendo cada vez más. Fijaos bien que no digo "va incorporando a su vocabulario". Porque el vocabulario de Daniel se ha ido configurando hace mucho tiempo. El vocabulario va por dentro. En su pensamiento y reflexión. Y existe. Y su gramática. Otra cosa es que no pueda expresarse oralmente con agilidad,  que tenga que recurrir a  otras fórmulas, como las gestuales; como cuando le pones un vídeo en el ordenador, o un cuento, o algo de música y no le gusta: se echa para atrás, aparta la cara... Bueno, todos lo hacemos, a veces.  Pero él piensa: no me mola nada, tía. Y lo piensa así. Fijo.


Y es que es muy difícil decir Jorge, por ejemplo. Hace ya un porrón de años  - cuando normalmente nunca decía ni pamplona, porque no podía hacerlo físicamente-, cuando era todavía muy pequeño, la logopeda de Atención Temprana, al oírle emitir un sonido muy próximo a la "g", una guturalización muy clara, nos dijo que este sonido era muy complicado para la gente que tenía problemas de afasía, para los chicos con parálisis cerebral afectados de afasia.

Luego, al poco tiempo, una tarde (creo que ya lo he contado), de pronto Daniel - oyéndonos a Inma y a mi hablar de Jorge (son episodios que una no olvida nunca)- soltó clarito y alto: Jorge, de corrido, sin duda, con todos los sonidos. Y flipamos. 

Pero tardó mucho tiempo en volver a decirlo. Es muy difícil decir Jorge. Aunque ahora para él pronunciar el nombre de su padre no tiene secreto. Y estoy casi segura que su esfuerzo y su interés han tenido mucho que ver con la total compenetración que tiene con su padre.

Tambien es muy difícil decir ba-lon-(c) es-to. Pero le gusta mucho este deporte y lo nombra ya con bastante soltura (sin la c normalmente, eso sí, sobre todo si lo dice espontáneamente.

Es muy difícil decir he-li-co (p)-te-ro, os lo aseguro. Pero no hace mucho, Elena le preguntó en una de las clases caseras de las tardes qué cosa era esta que vuela y hace pop-pop-pop--- y Daniel le contestó con toda naturalidad:

- He-li-co (p)-te-ro (y es que le molan estos cacharros). 

Es muy dificil decir  Yo-ko-ich  (traducción danielina de Djokovic). Mucho más que decir Na-al. Pero ambos son sus dos ídolos tenísticos. Anda perfeccionando mucho su pronunciación del "Deuce" (Iiius),  el término tenístico que indica un empate a 40. Y el otro día casi doy un bote, porque le oí un imperfecto "treinta a quince", mientras veíamos un partido del reciente torneo de Valencia.

Me entusiasman muchas cosas que son fruto de su crecimiento. Pero escucharle ir soltando tantas palabrejas... me "suliveya" una barbaridad.

A veces, él empieza a contarnos algo por propia iniciativa. Eso es fantástico. Lo malo es cuando no conseguimos entenderle. Porque entonces lo nota enseguida y se calla. Y me da mucha rabia. Pero no importa, siempre le decimos que el problema lo tenemos nosotros. Ya lo he dicho otras veces. Aprenderemos con él. Como venimos haciendo. Enseñándonos mutuamente.








lunes, 6 de junio de 2011

¡Oh, la lá, Nadal!



¡Menudo partido el de la final de Roland Garros 2011! Nadal-Federer/Federer-Nadal.




Me confieso rendida fan de Nadal, pero me descubro una y otra vez ante el juego de ambos. Y también me parecen, en lo que  traslucen de ellos los medios de comunicación, un par de tipos excelentes.

No vi el partido en directo, pero sí lo hice fragmentariamente luego por la noche. En cambio, Daniel lo siguió prácticamente en su integridad por la tarde, en vivo y en directo. Si no me equivoco podemos añadir un deporte más a sus aficiones y un ídolo a seguir: Rafa Nadal. 

Recuerdo que el tenis me gustaba ya desde muy pequeña, pero viendo la atención inamovible con la que mi sobrino sigue los partidos le he dado estos días vueltas a algunas cuestiones. Porque desconozco con qué grado de comprensión del juego en sí se planta delante del televisor rato y rato, o si alcanza a delimitar visualmente con nitidez donde bota la pelota, etc. El otro día vimos juntos una de las eliminatorias que jugó Nadal: yo le iba explicando un poco lo que pasaba y le repetía los tanteos y lo que significaban. Su disposición hacia este deporte (que ya habíamos percibido en otros momentos, y que como digo se añade a la que demuestra hacia bastantes otros: fútbol, baloncesto, motociclismo, formula 1, balonmano...) me llevó a comentarlo con sus padres. Al cabo de unos días Jorge me contó que se se había tragado prácticamente entera la semifinal entre Federer y Djokovic, y que aguantó sin irse a la cama hasta que terminó (Daniel suele caer rendido antes de las 10 de la noche, porque se despierta siempre muy temprano). Eso sí, fue terminar el partido y exigir apremiando que le llevaran a dormir: que voluntariamente postergara el momento de irse a la cama indica bien su grado de disfrute con el tenis.

Bien, como digo, le he dado vueltas a cosas como las que señalaba arriba, en cuanto a la relación entre su gusto por ver tenis y su grado de comprensión del desarrollo de un partido, porque me parece que el tenis es un deporte con unas reglas y un desarrollo, sino complejos, sí bastante sofisticados. Le llama mucho la atención lo que percibe auditivamente: los gritos de los jugadores al golpear la pelota (que él acompaña muchas veces con sus propias exclamaciones), el sonido de los botes, la entonación de los tanteos (que para mayor deleite de Daniel  los jueces cantan normalmente en inglés o francés, puesto que la mayoría de los torneos televisados se juegan  fuera de territorios castellano parlamentes). Yo también he pensado que la imagen en la pantalla es fácil y nítida: una pista bastante limpia, dos jugadores: es una composición fácil de situar. 

No sé. Hablábamos el otro día con Eduard (médico ozonoterapeuta: estamos en una nueva campaña de ozono) que evidentemente lo que sucederá (aunque parece de perogrullo, a veces no caemos en ello) es que Daniel compondrá con la información que reciba en función de cómo están y son sus canales de comunicación (oído, vista, habla, gestualidad...) unas formas de realidad que posiblemente no coinciden exactamente con las que cada uno creemos como estándares. Pero también hablábamos que a ninguno de nosotros se nos ocurre pensar que a lo mejor la percepción propia de esa realidad que creemos común a todos los demás no lo es en verdad. Que cada uno construimos una  realidad en base a la información que recibimos y elaboramos, según nuestras potencialidades y posibilidades, y que ésas son ciertamente diferentes en cada uno de nosotros. Mi partido de tenis no es igual que el que ve Daniel, pero seguramente tampoco igual que el que ve su padre, por ejemplo, que teóricamente dispone de un desarrollo de capacidades igual al mío. Eduard incluso apuntaba a que nadie puede saber si la composición que hace Daniel de la realidad no es a lo mejor más cercana a la "objetiva" (si es que tal existe) que la que nosotros pensamos que lo es. ¿Quién podría afirmar realmente algo al respecto?

Al final, por otro lado, pensé que cuando yo misma empecé a ver tenis en televisión (con cinco o seis años) no entendía la mitad de las reglas y sin embargo me clavaba delante de la pantalla horas y horas, como hace ahora Daniel, atraída no sé muy bien por qué sensación de bienestar y emoción que me proporcionaba ver jugar a dos tipos, lanzándose una pelotita de uno a otro lado de una red sin que toque unas rayas pintadas en el suelo; y recordé igualmente que toda la terminología tenística me encantaba., sin más, por como sonaba,  por su estética (igual que creo que le sucede a Daniel).

 ¿Quién conoce los secretos de nuestras neuroncillas sinapsísticas?-:)

Por cierto, en estos tiempos y en cuanto a idiomas, estamos más por el francés  que por el inglés. Estamos en época de Daniel gutural: Rrrroland Ggggarrros.... ¡Oh, la lá, Nadal!