sábado, 16 de agosto de 2008

Sueños y deseos



Inma me contaba el otro día que Víctor, el primo de Daniel, había estado viendo caer estrellas fugaces por el cielo de Soria. A Víctor le dijeron que podía pedir tres deseos. Al día siguiente le contó por teléfono a Inma cuáles habían sido esos deseos. Entre ellos estaba que Daniel hablase: “He pedido que el primo hable; pero que no hable hasta que yo llegue. Quiero que el primo hable para que me cuente lo que ha hecho en las vacaciones. Quiero que me lo cuente él”.

Buff.

¿Cómo no haber deseado, no desear lo mismo que Víctor?

Cuando Inma me ha descrito su conversación con él, he recordado que tanto ella como yo (no sé otras personas de nuestro entorno) hemos soñado muchas veces que Daniel hablaba. En mi caso, Daniel era una auténtica metralleta hablante en los sueños en los que él, aspecto de niño muy pequeño, soltaba auténticas peroratas muy inteligentes y sesudas acerca de los temas más variopintos. Supongo que esos sueños eran una forma de expresar mi preocupación por saber qué anda por la cabeza de este niño. Se supone que Daniel tiene un desarrollo discursivo interior bastante completo. Eso dice el neurólogo cuando le explicamos como intenta expresarse oralmente, y cómo entiende absolutamente todo lo que se le dice, cómo entiende las conversaciones que se dan a su alrededor.

Ahora hace mucho tiempo que no tengo estos sueños. Más o menos desde que la comunicación con Daniel es más fácil. Esta tarde mismo he mantenido una razonable charla telefónica con él, que está de vacaciones por el Pirineo. Todo consiste en ir preguntándole cosas concretas y él responde o no: ¿estás bien? ¿te gusta el pueblo de la montaña? ¿has ido a la piscina?... Y el va contestando con bastante agilidad y casi siempre “sí”, porque es un entusiasta nato y le encanta ir de charco en charco.

Hace ya tiempo pues que no sueño que Daniel habla. Aunque sí sueño que puede andar. Es verdad. Imagino que soñar funciona como una especie de terapia lenitiva. Y que conste que esto no quiere decir que no tenga completamente asumido que Daniel habrá de vivir con su silla de ruedas. Pero el inconsciente es seguramente más sabio que yo y de vez en cuando se complace en proporcionarme la imagen de un niño que anda y que corre, como sé que a él mismo le ocurre respecto a sí mismo, porque le he visto patalear en su silla de ruedas cuando oye las carreras de los niños en la plaza.

Y es que sí, es verdad, no hay que tenerle miedo a reconocerlo: a veces los deseos de los niños y los sueños de los adultos vuelan como globos de colores sobre la realidad. Se escapan, aunque la realidad, como dice un buen amigo mío, es terca. Muy terca.

10 comentarios:

ybris dijo...

Los sueños liberan.
Pero la realidad es otra.
Yo en sueños siempre he sabido volar.
Seguramente Daniel sueña con andar.
Pero yo me las arreglaré con un avión (ya ni siquiera un parapente) y Daniel con la mejor silla de ruedas que le sea posible.

Besos.

Luisamiñana dijo...

Exactamente es así, queridísimo Ybris. Es así. No me molestan esos sueños. Como dices, a menudo liberan. Y nos ayudan a reconocer nuestros más íntimos deseos, esos que demasiadas veces llevamos ocultos en el bolsillo interior de la mochila.
Un besote.

laura dijo...

Me he puesto a llorar como una burra leyendo el post.La realidad pesada se impone.Y todos los dias se esfuerza en recordarnos en que punto nos encontramos.
Daniel hablará.Queda mucho futuro por delante,y quizá no con su voz sino con algo que interprete sus pensamientos............Estoy segura.

Luisamiñana dijo...

Te entiendo, Laura. Pero no me gustaría que el post fuese motivo de llanto, anda. Sólo de cierta reflexión. Creo que es bueno encarar tanto la realidad como nuestro deseo de que a lo mejor fuera otra, menos dura, más amable. Todo forma parte de nuestro camino. Todo está en danza. Además me pareció tiernísimo el suceso con Víctor, y pensé: seamos niños o adultos, todos andamos en lo mismo al fin y al cabo.
Un gran beso, guapa.

Todo-a-un-leru dijo...

El sueño de Víctor se cumplirá seguro; por lo que contáis aquí, Daniel hace bastantes progresos en este terreno (ya sea en español o en inglés), y, si no fuera así, hay muchas formas de "hablar" y seguro que ellos encontrarán la suya.
De todos modos, disfrutar de un buen sueño de vez en cuando no está mal de vez en cuando, aunque a veces te deja una sensación agridulce.
Besos.
Rosa.

Inde dijo...

Yo a veces (menos de las que quisiera)sueño con mi madre, que el sábado hace tres años que murió. No sueño nada en especial, sólo que estoy con ella y eso; a veces, ni siquiera recuerdo bien el sueño, pero sé que he soñado con ella. Y me levanto de buen humor, y contenta.

Qué bueno que haya sueños buenos.

Besos, especialmente para Daniel.

Luisamiñana dijo...

Rosa, Inde, tenéis tanta razón al decir que son muy buenos estos sueños... A mi no me han causado dolor. Más bien, como mucha gente ha comentado en la lista de Hijos-esp alimentan las ganas de seguir adelante.

Inde, un besote y un abrazo, guapa. Los aniversarios suelen ser un poco jodidillos, pero son una forma de mantener los recuerdos.

laMima dijo...

Que rico Victor pardiez, que besazo le arreaba yo ahora.
Soñar es bueno, claro que sí: no puedo decir nada más de lo que comentáis aquí. Hay que admitir la realidad pero eso no nos puede impedir desear que las cosas discurran por otros lares. Es humano y si, quizá ese ansia nos ayuda un poco a encontrar la forma de mejorar las cosas. A no resignarnos y quedarnos en el rincón oscuro.
Bienvenidos esos sueños "liberadores". Claro que sí.

Anónimo dijo...

hola a todos los que visitan el blog de daniel.Soy la mama de Victor, tia de Dani, y casi me apura deciros que auque Luisa diga que el blog no es para llorar, yo no lo puedo evitar. Aclarar eso si, que son lagrimas emotivas y llenas de esperanza. De Victor os contaria tantas y tantas cosas a cerca de su primo... lo quiere con tanta pureza!

Lamia dijo...

Los sueños... siempre los sueños. Como bien dice Luisa, nuestros inconsciente es más listo que nuestro consciente y, a través de los sueños, libera nuestros deseos y frustraciones. Puedo imaginarme el sentimiento de Víctor porque veo a menudo cómo mi hijo se comporta con mi sobrina y, como dice la mamá de Víctor, es un amor puro.