domingo, 30 de agosto de 2009

Vecinos especiales




En una esquina del centro comercial nos encontramos ayer con Ainhoa y su familia, con quienes tengo el gusto de compartir barrio y muchos encuentros en el centro comercial. Daniel y sus padres habían venido a hacer algunas compras y a merendar. A Daniel los centros comerciales le pirran: hay muchas cosas en las que ir fijándose, hay música casi todo el tiempo, hay bullicio y animación, en fin... son sitios la mar de entretenidos para él. Pues eso, que allí en una esquina de repente sonó una voz familiar llamándome: la voz de Lamima, que con toda la familia andaba también de "tarde en centro comercial", recién llegados como estaban de sus vacaciones gallegas. Estuvimos un buen rato, charra que te charra, mientras Ainhoa camelaba a Jorge, que se lo pasó pipa haciendo el gamberro con ella. Daniel, a quien le gusta mucho oir las risas de otros niños y sus gritos y sentir su ir y venir, hubiera querido sin ninguna duda deshacerse por un ratejo de su silla y participar de las volteretas, de las ascensiones "hasta el techo", de la juerga que se habían montado su padre y Ainhoa. El otro Daniel, el hermano de Ainhoa, con cara de chico mayor, les miraba ya desde otra posición, digamos. Siempre me ha parecido un chico muy observador y sensible.

A mi me da mucha rabia que cada vez cueste más, lógicamente, cargar a Daniel (Miñana) en brazos y sobre todo brindarle esos momentos de absoluta alegría, cuando lo volteas, saltas con él, hacemos molinillos, o cualquier otro juego un poco "bestiajo" que implique mucho movimiento. Desde luego, por mi parte, ya sólo me atrevo en casa. No como antes, que en cualquier sitio se le podía coger de la silla y hala, ¡a jugar!. En fin, son las cosas del "crecer", claro. Así que ayer, en ese ratito, Ainhoa fue la reina de los mares, mientras los dos Danieles (por razones bien distintas, claro) la observaban. Ainhoa contagia su alegría, te llena de su simpatía. Es un zascandil la muchacha. ¡Menudo terremoto, ja, ja esta Ainhoa "con hache", que repetía ella todo el rato, cuando Jorge la hacía rabiar diciéndole que se le habá olvidado su nombre otra vez!

En cuanto a Daniel (Miñana) fue la primera vez que le oí dirigirse en su "inglés" a personas que no sean de su entorno más próximo. Lo hizo brevemente, porque es tímido, y porque terremoto Ainhoa le tenía entretenido todo el rato, pero lo hizo. Y de este tema del "inglés danielino" será menester seguir hablando, porque da para bastante investigación y un buen puñado de anécdotas.

Tanto Daniel como yo andamos todavía entregados al tiempo de vacaciones. Pero poco a poco iremos recuperando el ritmo, para que en septiembre la vuelta al colegio no nos pille demasiado en babia.

sábado, 15 de agosto de 2009

Vacaciones-2

Me han llegado hoy vía teléfono móvil algunas fotos de la sesión de tarde en la playa. Como Daniel es muy blanco de piel y se quema enseguida, hay que ir por la tarde a la playa, cuando el sol está más suavecillo. Me cuenta Inma que hoy el mar estaba quieto y caliente. Daniel pierde temperatura corporal dentro del agua con mucha rapidez. Pero hoy, como el agua estaba tan caliente han podido estar más rato dentro del mar y repetir incluso chapuzón. He aquí el testimonio.




martes, 11 de agosto de 2009

Vacaciones-1

Me cuentan que Daniel está feliz y encantadísimo en la playa, de vacaciones. Aún le quedan unos días. Ya se puso muy contento cuando le dijeron que se iban para la playa y vio que se hacían las maletas. Le gusta el mar, disfruta mucho en el agua del mar. Bueno en cualquier agua -ya sabéis- , pero las olas marinas ya son la pera limonera, cuanto más y más gordas, mejor: aunque su padre, el hombre, acabe agotado, tanto saltar olas con el criaturo a cuestas. Pero, bueno, como supondréis, papá se lo pasa también estupendamente. Menos mal que la playa de Cambrils, en la zona de "playa natural", es ideal para este tipo de actividades: una larga plataforma de arena firme y lisa que penetra en el Mediterráneo muchos metros.

Es una playa muy guapa. Pero es una playa en realidad poco accesible, en realidad. Se extiende a lo largo de un paseo marítimo bastante prolongado, y sin embargo, por lo menos hasta hace unos meses, no existe más que un acceso practicable para las personas con discapacidad. En ese punto sí que hay unas buenas rampas y un pasillo de madera que llega casi hasta la orilla. Además el acceso está junto al puesto de la Cruz Roja, cuyos voluntarios ayudan al manejo de las sillas adaptadas para el baño, si se quiere. Pero hoy en día, las zonas de playa se han extendido muchísimo, a lo largo de casi todas las urbanizaciones que hay en la localidad. Y en esas zonas yo no he visto accesos adaptados. Como siempre decimos, poco a poco, en fin. Aunque no deja de llamar la atención la diferente atención que ha merecido en la última remodelación del paseo todo el equipamiento para carril-bici, mobiliario urbano, zonas de juegos para niños, etc, frente a la inexistencia de elementos accesibles.


De todas formas, seguro que Daniel opina que no hay que dejar que estas cosas le fastidien a uno el veraneo. Y así es. Me cuentan que esta tarde se lo ha pasado genial en el agua, que ha terminado cansado de verdad, aunque a la noche ya parecía bastante recuperado: le oía desde el teléfono charrar sin parar mientras su madre me contaba estas cosas. Lastimosamente se han olvidado el cable usb de la máquina de fotos; pero ya las pondremos a su regreso. No importa. Las vacaciones son vacaciones. Por eso también espaciamos ahora un poco más las entradas en el blog. La foto de acompañamiento es de Cambrils.




domingo, 2 de agosto de 2009

Daniel, zarabandista

Los abuelos paternos de Daniel viven en un cuarto piso sin ascensor. Por eso no puede ir demasiado a visitarlos. Yo suelo llevarles a ellos a casa de su nieto al menos una vez a la semana. Ultimamente el abuelo Julio ha estado un poco fastidiado. Ahora ha habido que hacer algunas obras en la casa para facilitar su movilidad. Así que esta mañana Daniel y sus padres se han animado a subir esos cuatro pisos sin ascensor para ver cómo iban los trabajos. Daniel ascendía en brazos de Jorge bastante conforme, aunque al parecer lo que le apetecía de verdad era dar un paseo matutino por la calle. A este crío la calle le gusta una barbaridad. La abuela Rosario ha cometido un error crucial: al saludar a Daniel ha dicho algo como, ¿así que has preferido venir a ver a los yayos en vez de estar en la calle, cariño? ¡Ah! ¡No diría yo tanto!, ha debido de pensar Daniel, ¡ la calle es la calle, abuela! Y a continuación, al ver una posible brecha abierta para dar marcha atrás y regresar al callejeo, ha comenzado su característica sinfonía-protesta, que incluye llanto fingido (sí, fíngido, porque que yo sepa el llanto real se presenta en forma de lágimas, las cuales suelen estar ausentes en estos arrebatos danielinos), algunos alaridos, rostro-pucheros, y una negativa total a escuchar ningún tipo de razonamiento. Tozudo como una piedra. En estos momentos, sólo una cosa suele funcionar para derivar el estado-barrena de Daniel a otro más tranquilo y manejable: la música. Así ha sucedido esta mañana, según me han contado. Una vez sintonizada en el televisor una emisora que emitía música de su gusto, el nieto que prefería la calle ha procedido a tomar su almuerzo en casa de los abuelos con toda tranquilidad, ¡genio tenemos!.

Durante bastante tiempo la música-talismán fue la banda sonora de Barry Lyndon. Ya he comentado en otras ocasiones la inclinación de Daniel por las diversas composiciones que integran la banda sonora de la película de Kubrick. Cuando estaba nervioso, cuando necesitábamos que estuviera un rato entretenido a su aire él solo, cuando se ponía un poco pejiguero para comer (éso ya no sucede nunca, ¡comer es genial, comer me gusta mucho!), todo se aligeraba con apenas pulsar la tecla que en el reproductor de cd ponía en marcha la zarabanda de Haendel que abre la banba sonora de Barry Lyndon que a veces llegó a sonar varias veces consecutivas porque Daniel se negaba a dejar de oírla. Era una fascinación. Sigue gustándole mucho, pero su espectro de querencias musicales ya se ha amplíado un poco, como sabéis.

Dejo por aquí esa zarabanda haendeliana, una buena compañía para una tarde de verano (o de invierno, según donde estemos):