Un colegio al que acuden niños con necesidades especiales requiere una infraestructura y unos medios bastante costosos desde el punto de vista económico. Aunque parezca extraño, ni siquiera los colegios públicos cuentan con prespuesto suficiente por parte de la administración para hacer frente a todas las cosas precisas para llevar a cabo unos programas educativos suficientes y adecuados, con los recursos de infraestructura y tecnológicos posibles en la actualidad. Evidentemente ésto no debería ser así. Pero por ahora es lo que hay.
Por eso el CPEE Ángel Riviere (el cole de Daniel, ya sabéis) presenta proyectos a aquellas entidades que cuentan con ayudas cívicas a actuaciones sociales. Este es el caso, por ejemplo de la CAN (Caja de Ahorros de Navarra). El Ángel Riviere ha recibido ya por parte de esta entidad financiera sendas subvenciones para dos proyectos: el de la sala de estimulación (Snoezelen) que ya lleva funcionando dos años, y el de ampliación de la dotación tecnológica del colegio, que ha sido concedido este curso y que va a permitir incorporar una pizarra digital al aula 1 (es la única que todavía no cuenta con ella) y comprar cuatro ordenadores con pantallas táctiles, pulsadores y adaptaciones.
Además para el siguiente curso se ha solicitado recursos económicos para la adaptación de la zona de juegos del patio de recreo, con equipamiento adecuado a todos los niveles de discapacidad de los niños que asisten al colegio. El CPEE Ángel Riviere nació apresuradamente y ha crecido dentro de un pequeño edificio antiguo que no estaba pensado para acoger a personas con discapacidad. Aun así se practicaron las reformas precisas para poder funcionar, pero quedan cosas por hacer, como ésta de una correcta adaptación de las distintas áreas del patio de recreo, que ahora cuenta con unas mínimas acomodaciones a las necesidades de los chavales.
Los proyectos de la
CAN (como de otras entidades que subvencionan actuaciones de carácter cívico) se conceden mediante votación de los clientes. Este año, al parecer, la competencia es durísima. El proyecto presentado por el
Ángel Riviere el año pasado obtuvo 300 votos, pero este año sólo se han producido 80 votos. Por eso publicitamos la existencia de este proyecto: si alguien es cliente de la
CAN y quiere votar,
el proyecto del cole de Daniel es el 16011: adaptar espacios del patio de recreo para niños con distintas discapacidades:
dejo aquí el enlace a la página de la CAN donde se explica por extenso.La CAN, dispuesta a colaborar en la dinamización del voto a estos proyectos, ofrece la posibilidad, para quienes no sean clientes, de abrir una cuenta sin ninguna comisión en toda la vida de la misma. Cada cuenta es un voto. En esas cuentas (de operativa normal, como las de cualquier banco), además de ser gratuitas durante toda su vigencia, la CAN ingresaría 10 euros como regalo de bienvenida que son de libre disposición.
Columpios adaptados
Aunque la iniciativa de la CAN y otras entidades me parece excelente, insisto el que el tema no debería ser así. Debería ser la administración la que evalúase en cada curso las necesidades de sus centros y quien en todo caso plantease convenios de colaboración con las entidades precisas para subvenir a las carencias que se manifestasen. Es la única forma de evitar las claras desigualdades de dotación e infraestructuras que ya se están produciendo entre los colegios públicos de educación especial (por lo menos los que yo conozco): estas desigualdades en el ámbito de la discapacidad me parecen un hecho poco presentable, la verdad, para una sociedad y un estado del bienestar.
Pero en fin, como decíamos al principio, de momento es lo que hay. Con lo cual, bienvenida sea cualquier colaboración y todo el agradecimiento para ese esfuerzo.